Historia

Historia por años

Leyenda

Se cuenta que se produjeron una serie de epidemias en el pueblo que obligaron a numerosas familias a evacuar sus hogares e irse al campo. Allí se asentaron como pudieron y una de ellas lo hizo a orillas de un arroyo. En una oscura y terrible noche tormentosa se ocasionó una gran tempestad produciéndose la avenida del agua del arroyo y llevándose todo lo que se encontraba por delante. Tuvo que marchar la familia apresuradamente para no ser arrastrada por el desbordamiento. Toda vez que cesó la tempestad y volvió la calma, la familia regresó de nuevo al lugar que había abandonado con anterioridad, encontrándose en el sitio justo donde tenían su cabaña dos leños cruzados formando estos una Cruz. Aquella familia lo vio como un milagro pues se salvaron de la catástrofe. Cuando pasó un tiempo y cesaron las epidemias, esta familia llegó al pueblo y al llegar a la calle Cabo le contaron a los vecinos lo ocurrido en el campo. Se dice que dicho Madero se encuentra dentro de la Cruz existente actualmente.

Antecedentes históricos

La historia de las cruces de La Palma resulta difícil construirla en base a documentos, pues éstos son muy escasos. Cosa normal por otra parte si consideramos que las cruces fueron durante mucho tiempo una manifestación popular, anónima, ajena a las actas oficiales o a reglas canónicas. La de la Calle cabo es buen ejemplo de lo comentado. Un festejo de carácter oral y espontáneo, fuera de cualquier papeleo de secretaría o de cualquier hermandad canónicamente constituida.

Para hablar de la historia de la devoción a la Santa Cruz de la Calle Cabo hay que tenerla en cuenta como un fenómeno social y religioso. Social por cuanto siempre ha estado unida al pueblo, y es éste el que la da el sustento en la tradición, religioso en relación con las manifestaciones de esta índole, muy características, en la gran mayoría de las devociones de nuestra tierra andaluza. La historia se mezcla en sus principios con la leyenda, a partir de la cual, es el pueblo el que comienza a escribir su propia historia. Indagar en sus orígenes resulta complejo por cuanto no se poseen referencias concretas ni puntuales sobre un acontecimiento que ha marcado, sin duda, la historia y el estilo de un pueblo. Hay que señalar también que los acontecimientos vividos durante la Guerra Civil (1936-1939), destruyeron gran parte del archivo existente.

El principal hecho que tenemos que tener en cuenta, como referencia del origen de la devoción de la Cruz en nuestro pueblo, La Palma, hay que remontarse al año 1400, donde en el lugar denominado de Morañina, a media legua de la localidad vecina de Bollullos, los frailes terceros de la orden de San Francisco fundan un importante Cenobio Franciscano. El mismo fue un destacado centro de peregrinación de las localidades de la comarca, durante aproximadamente dos siglos, al encontrarse en San Juan de Morañina la imagen de la Virgen de la Consolación. El declive de esta devoción llegó hacia 1602 al marchar esta orden a Sevilla llevándose consigo tan venerada imagen. Sin embargo el carácter religioso impregnado por esta Orden siguió latente en la zona, el culto a la Santa Vera-Cruz de Cristo. El fervor por el santo Leño era seña de identidad religiosa de dicha orden, por lo que fundaron hermandades y cofradías de la Vera-Cruz por toda la zona de influencia del mencionado convento. Debemos resaltar que en 1606, vuelven los frailes a ocuparlo, sin embargo no traen consigo la imagen de la Virgen, por lo que su actividad litúrgica y religiosa se centra en el culto a la Santa Cruz.

Con todo lo dicho, centrándonos en La Palma, el primer dato documental que se posee sobre la Hermandad de la Vera-Cruz data de 1661, siendo su Hermano Mayor D. Juan Domínguez Coronel.

Siglo XVIII

La parte histórica de la devoción a la Santa Cruz de la Calle Cabo, hay que buscarla en los datos aportados por historiadores e investigadores sobre el tema, y que se considera la plataforma sobre la que basar nuestra tesis etiológica. Antonio Villegas Santaella, en su guía de Fiestas populares de Andalucía, cita la invasión francesa (1809) como etapa histórica a partir de la cual proliferan de manera más sobresaliente las fiestas de las Cruces de Mayo, con motivo de la recuperación de los territorios españoles ocupados por la vecina Francia. El carácter alegre y extrovertido andaluz, se mezcla con la ilusión renacida del pueblo triunfador, adornando la Cruz con flores en señal de agradecimiento por la victoria obtenida. Se organizan los primitivos “romeritos” y comidas campestres, que tan acendrado se encuentran en la actuales Fiestas de la Cruz.

En la Palma, durante este siglo se configura su trazado urbano, las principales vías y arterias de la población, que posteriormente serían el futuro del pueblo. Cerca de la falda de una loma, casi en el extremo sur-este del vecindario, se contemplaba una calle que limitaba el cabo del mismo. En lo alto de aquella costanilla había un lazareto habitado, al parecer por tres frailes, que con toda seguridad pertenecían a la orden franciscana, llamado de San Nicolás. En el mismo, estos hombres entregados ala contemplación y a la oración, derramaban toda su humildad franciscana a todo el transeúnte, viandante o leproso que pasaba por aquellos caminos. Es de suponer, que si esto era así, también dichos frailes ejercieron su influencia en aquella zona de su devoción crucera, pues no podemos olvidar la relación de la orden franciscana con la devoción al Santo Madero, tal como se refirió al principio.

En el libro de visita del ordinario eclesiástico, fechado en 1710, se contempla la siguiente referencia: “Hermandad dela Santa Vera Cruz y Sxpo Cristo dela Sangre sita en la Hermita y Hospital de Nª Sª de la Concepción”. Aquí se observan dos hechos importantes referidos a esta orden, por una lado la advocación del Cristo de la Sangre y por otro la ubicación de la Hermandad en el Hospital de la Inmaculada Concepción. Pero sin duda, el dato más revelador en referencia al origen de la devoción crucera con carácter festivo sea la siguiente referencia de 1726 y posteriormente en 1728; “ tenía una renta de 476 reales...”, “..en una procesión de penitencia del Jueves Santo con sermón, fiesta de la Santa Cruz que se hace con toda solemnidad el día 3 de maio”.

En este último párrafo quizás este la clave para conocer cual fue el origen de la fiesta de la Santa Cruz, que actualmente se celebran durante el mes de mayo. Haciendo un análisis del mismo, podemos comprobar que esta Hermandad de la Vera Cruz, organizaba por una lado la procesión de la cofradía el Jueves Santo y por otro las fiestas de la Cruz en el mes de mayo, concretamente el día 3, que coincide con la celebración de la fiesta de la invención de la Cruz.

La influencia de dicho convento resulta ser fundamental en el origen de la devoción a la Santa Cruz, por cuanto la cercanía de la calle cabo al mismo. No hay que olvidar, que por aquel entonces toda la confluencia del Lejío era campo. Además, tal era el poder de atracción de la mencionada ermita de San Nicolás, que, según recogen los documentos del Archivo Diocesano Onubense, llegaron incluso a celebrarse en su recinto romerías campestres, que pueden constituir un primitivo antecedente del actual romerito.

Un hecho reciente, como es la aparición del trozo del vestido de la Santa Cruz, hay que decir que Ésta se recubre con un vestido en tisú de plata, bordado en oro, que ha sufrido variaciones a lo largo del tiempo, y que posteriormente comentaremos con más detalle, viene a confirmar la existencia del Santo Madero en este siglo por el estilo del bordado del mismo. Expertos bordadores lo han fechado en torno a la mitad del siglo, aunque se está sometiendo a un examen más preciso.

Siglo XIX

En el siglo XIX se consolida la devoción a la Santa Cruz y se crea el modelo individual de fiesta, separado ya del culto penitencial de la Hermandad de la Vera Cruz. La desamortización de Mendizábal, hizo que desaparecieran la mayor parte de los bienes pertenecientes a la Iglesia, lo que dejo a Ésta sin gran parte de su rico patrimonio. La Palma no fue ajena a este hecho, de esta forma se expropiaron la mayoría de los hospicios, entre ellos el de la Concepción, (Antiguo edifico del ayuntamiento), donde la antigua cofradía de la Vera Cruz hubo de recoger sus enseres y marcharse. De ello podemos deducir que la relación de la cofradía penitencial con la de Gloria no existía por estas fechas.

Un documento muy esclarecedor de la celebración de las fiestas cruceras de finales de siglo, nos lo proporcionan unas cartas fechadas en 1872 del párroco D. Joaquín Serra y Queralt elevadas al Arzobispo de Sevilla, para dar cuenta de las altas cotas de paganismo que habían cobrado las referidas fiestas cruceras. “Este pueblo profanaba la religión escarneciéndola con bailes y máscaras durante la novena a la Santa Cruz, a cuyo objeto se ventían varias cruces en diversas casas, tan escandaloso abuso contra el que en vano se habían opuesto Curas y cuaresmales...”.

Este documento, nos da pié para comentar la celebración de las fiestas cruceras de la época, caracterizada por las Cruces corraleras y de patios de vecinos, unos toscos maderos adornados con flores guirnaldas y plantas aromáticas en torno a las cuales se bailaba, se bebía, se comía, todo en torno al madero festejado el día 3 de mayo. Dichas cruces se situaban en hornacinas abiertas en las fachadas de las casas. Estaban distribuidas por todos los rincones del pueblo, así podemos hablar de la cruz de Palacio, la de Mariquita Marquecho, la de la calle del Guante, la de la calle Sevilla, el Barrio, las Cordoneras, la Rañona......, incluso hubo una calle denominada de las cruces (actual San Francisco), por la gran cantidad de ellas que se solían adornar. Todas, rivalizaban en festejos con la de la Calle Cabo, especialmente la cruz de la calle del Guante, debido principalmente a la proximidad con Esta.

El hecho de la supremacía de la cruz de la Calle Cabo sobre las colindantes, se debió fundamentalmente a la influencia religiosa del citado convento de San Nicolás. Hay que señalar igualmente, que sus celebraciones se vieron favorecidas por el ensanche al final de la misma, lo que permitió una mayor facilidad para la proliferación de los citados bailes. Aquel ensanche se describe en un documento de 1853 como “la plasoleta que se forma a la entrada de la calle del Cabo y que linda al norte con el callejón que va a los Ejidos”.
Hay un hecho que se narra en el periódico provincial, Odiel de mayo de 1952, que cuenta la existencia de un registro de hermanos que se fecha en el año 1876. Desgraciadamente, dicho registro desapareció. El registro de hermanos más antiguo que se conserva data del año 1920, en un libro de caja comenzado en 1918.

Siglo XX

Estamos, sin lugar a dudas, ante la consolidación de la devoción y la época de mayor esplendor de las fiestas en honor a la Santa Cruz de la Calle Cabo. De la primera parte del mismo, no existen gran cantidad de documentos de secretaría escritos debido en gran parte a los desagraciados incidentes de la guerra civil española, también al traslado sufrido por la sede de la Hermandad y al celo de los componentes de la directiva de la época. Sí, se posee, sin embargo programas de festejos, de ellos el más antiguo data del año 1919 donde nos podemos hacer una idea de cómo eran las celebraciones de la época. Sustancialmente no han cambiado mucho, y se vertebran en torno a tres ejes que se siguen manteniendo actualmente, el romero por las calles del pueblo, el rezo del Santo Rosario y culminan con la procesión de la Santa Cruz. De este año es también la visita Pastoral del Cardenal Almaraz y Santos, donde concede 300 días de indulgencia plenaria a todo aquel que visite a la Santa Cruz de la Calle Cabo en sus fiestas.